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Para Giovanni E. Reyes, docente de la Universidad del Rosario, esto aumentaría la vulnerabilidad económica del país.

En 2017, el área dedicada a la producción de cereales en el país llegó a ser tan sólo de 1,001,605 –todo esto, según cifras de la FAO,

En general, analistas económicos en Colombia, coinciden en señalar que fue a partir de 1990, con el gobierno de César Gaviria (1990-1994) cuando se introdujo la política de apertura económica en el país. Tal y como le es propio al código neoliberal, se trata de desregular, privatizar y de reducir la capacidad de gobierno –y ante todo los gastos de las entidades públicas- con lo que se requieren de menos impuestos. Toda esta trama, en nombre de hacer que el país pueda aumentar su competitividad.

Uno de los aspectos fundamentales de las nuevas políticas económicas en los países latinoamericanos ha consistido en la apertura de mercados, en tener fe en las ventajas comparativas y con ello, dejar que los países más desarrollados –subsidios y otras medidas como instrumentos- sean quienes produzcan alimentos. Los países de mayor capacidad económica saben que este tipo de producción se traduce en aumentos de posicionamiento hegemónico y poder general para sus naciones.

En la situación de Colombia es posible constatar esta apertura en la producción total y área de cultivo de cereales. De manera rápida, dadas las limitantes de espacio de esta columna, es posible advertir que en 1961, el área que la agricultura colombiana dedicaba a la producción de cereales –maíz, trigo, arroz y sorgo principalmente- era de 1,558,170 hectáreas (Has.) Esa extensión creció hasta 1990, año en el cual llegó a la cifra de 1,742,800 Has. 

No obstante, luego de las nuevas medidas económicas, decreció el área a niveles aún menores de los correspondientes a 1961. En 2017, el área dedicada a la producción de cereales en el país llegó a ser tan sólo de 1,001,605 –todo esto, según cifras de la FAO, la organización de Naciones Unidas dedicada a la alimentación y la agricultura. 

Ahora, en términos de producción es muy interesante saber que la misma, como era de esperarse, creció de 1961 a 1990. En efecto, pasó de 1,476,921 toneladas, a 4,314,100 toneladas que se tuvieron al inicio de la década de los noventa. Al considerar la producción cerealera de Colombia para 2017, se puede constatar que la misma prácticamente se estancó durante los pasados 27 años. Para este último año en referencia, se cosecharon un total de 4,328,820 toneladas de grano.

Es evidente, se subraya, que la producción total se estancó mientras el área para producción de cereales decrecía. Lo que ha estado operando es que el rendimiento de grano por unidad de área ha aumentado notablemente. En este sentido, se ha tenido lo que parece ser una positiva influencia respecto a la utilización de innovadores procesos y productos tecnológicos, tales como semillas mejoradas y fertilizantes. Utilizar también, plantas de menor altura las hace ser menos suceptibles a caer sobre los surcos durante las lluvias, y además, estas plantas chaparras aumentan el número de las mismas por unidad de área.

Se hace patente un estancamiento de la producción total de cereales, pero al considerar la variable de aumento demográfico lo que se incrementa también son las importaciones de grano. Algo que implica aumentar la vulnerabilidad económica del país dado el déficit de seguridad alimentaria que se impone.

 

Por: Portafolio – 21 de marzo de 2019

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